martes, 3 de mayo de 2016

¿ QUÉ SON LAS LEYENDAS?


Es  una narración, ya sea escrita u oral, que se exhibe como verdadera (al sustentarse en lo real) pero que incluye ciertos componentes propios de la imaginación y de la ficción. Las leyendas se transmiten de generación en generación, lo que posibilita que se vayan modificando de acuerdo al contexto social y a la época.

Una leyenda, de este modo, permite explicar y respaldar una cierta cultura. Siempre se halla ligada a un personaje, un espacio geográfico o un objeto preciso, y muestra cómo dicho elemento concreto se integra a la historia o la vida cotidiana de la comunidad.

Clases de leyenda


Se pueden clasificar de dos formas:
Por su temática:
  1. Leyendas etiológicas: aclaran el origen de los elementos inherentes a la naturaleza, como los ríos, lagos y montañas.
  2. Leyendas escatológicas: acerca de las creencias y doctrinas referentes a la vida de ultratumba o viajes al inframundo (Nekyia).
  3. Leyendas religiosas: historias de justos y pecadores, pactos con el diablo, episodios de la vida de santos.
Por su origen:
  1. Leyendas urbanas: pertenecen al folklore contemporáneo, circulan de boca en boca, etc.
  2. Leyendas rurales: solo las leyendas válidas en el campo, porque no tienen lugar o adaptación para las urbanas.
  3. Leyendas locales: es una narración popular de un municipio, condado o provincia.
LEYENDAS URUGUAYAS

LA LUZ MALA

La Luz Mala es uno de los mitos más famosos de los folklores del Uruguay. Consiste en la aparición nocturna de una luz brillante que flota a poca altura del suelo. Esta puede permanecer inmóvil, desplazarse, o en algunos relatos, perseguir a gran velocidad al aterrorizado observador. Muchas veces aparece a una distancia cercana al horizonte.


La vulgarmente llamada luz mala no es más que la resultante de la reflexión que produce la Luna con los huesos de vacas muertas en el campo. Al reflejarse en el medio de la noche produce un efecto de luz que es interpretado por la gente de los alrededores como algo místico que termina siendo refutado al llegar al lugar de la luz. Normalmente la gente se aleja o realiza ritos populares evitando acercarse. Además no es el mismo el efecto que se produce a distancia, por lo que a medida que uno se acerca puede que la reflexión se vea de manera distinta. Los lugareños al acercarse veían el animal ya sin vida, cuya muerte era atribuida a la "luz mala", he aquí el por qué de la imagen siniestra de tal acontecimiento.


 El mendigo del túnel de 8 de octubre

El túnel que une la calle 8 de octubre con 18 de julio,
aquí en Montevideo, es protagonista de una narración urbana que circuló oralmente durante un extenso período de años. Cuentan que poco después que dicho túnel fuera estrenado, un mendigo en estado de ebriedad -que daba un vistazo a la nueva obra desde arriba- cayó al suelo tras perder el equilibrio. Desorientado, el hombre decidió introducirse en la boca de la novísima construcción. Lo hizo con tanta mala suerte que tomó la senda contraria, siendo atropellado por un trolebús y perdiendo la vida inmediatamente
Desde entonces, cuentan que la silueta del mendigo puede entre verse en ocasiones en medio del pasaje,
cuando los buses transitan a gran velocidad. La figura desaparece momentos antes de repetir el impacto que sufriera en vida, como si intentara una y otra vez salir del túnel que lo llevó a la muerte. El relato tenía un agregado que no era menor, y que era repetido con frecuencia por madres crédulas y preocupadas: nadie que osara aventurarse a pie por un extremo del túnel lograba encontrar la vía de salida, ya que el mendigo atraía inevitablemente a los caminantes a su mismo destino fatal.



 LA LEYENDA DEL OMBÚ

Dios, queriendo perfeccionar su obra, consideró afinar algunos detalles. Así, hizo llamar a todos los árboles de la naturaleza para otorgarles dones que les ayudaran a sobrevivir en la intemperie.
Al preguntar al ñandubay qué quería, éste respondió: -Yo quisiera tener fuerza, Señor.
Pues ahí la tienes – dijo Dios, dando origen a la legendaria fortaleza del ñandubay, sólido como una roca y resistente como el hierro.
- ¿Y tú? -le preguntó Dios al arce.
- Yo quisiera poder siempre protegerme del frío y de la lluvia.
- Sea –dijo el Señor, regalándole frondosas hojas para guarecerle de la humedad.
El desfile de árboles continuó.
El jacarandá pidió jovialidad, y le fue concedido un hermoso penacho lila, que rebosaba alegría y juventud cada primavera. El laurel obtuvo hojas oscuras y lustrosas. El espinillo quiso parecerse al Sol y fue adornado con lindas flores amarillas, muy semejantes al oro; y así, todos los árboles obtuvieron lo solicitado.
Después de varios exponentes arbóreos, llegó el turno del Ombú y Dios le preguntó: – ¿Qué quieres ser?
Éste respondió: – Sombra, Señor, para servir de descanso a los hombres.
- Pero todos la poseen –respondió el Creador.
- También quiero que mi leña sea frágil, que no resista ni un clavo, que se quiebre a la menor presión, que se vuelva polvo al contacto del Sol y la lluvia.
Dios, extrañado, le preguntó:
- ¿Por qué no pides lo que los demás, dulces frutos o madera fuerte?
- Padre, sé que una vez existió un hombre que predicaba amor, justicia y bien. Los otros hombres lo persiguieron, condenaron y sacrificaron en una cruz, hecha con el dolor de algún hermano árbol. Concédeme la oportunidad de tener la conciencia tranquila y no permitas jamás que contribuya a la muerte de un inocente.
Nuestro Señor, conmovido por las palabras del bondadoso Ombú, le respondió dulcemente:
- Así sea. Yo te protegeré por toda la eternidad para que sigas haciendo el bien a los hombres





 LA LLORONA DEL PARQUE RIVERA

Versión 1
Una tarde de otoño, hace muchos años, una joven mujer decide salir a pasear por el Parque Rivera. A pesar de un viento frío y cortante que hacía gemir a los árboles y sumía al parque en la más absoluta soledad, la chica decide salir y llevar consigo a su bebé, que había tenido en condición de soltera.
Estando en vísperas de su boda la joven se aventura en el parque, por entonces más agreste que ahora y mostrando los resultados de recientes lluvias. Se la ve bordear el lago junto a su niño, mientras el viento arrecia con fuerza, desapareciendo de la vista. La futura novia, sin embargo, no regresará por ese sendero.
Al día siguiente encuentran su cuerpo inerte en el lago del parque, sin rastros del paradero del pequeño. Cuenta la historia que desde entonces, en las noches brumosas y tristes del otoño, puede verse a una joven vestida de novia en los alrededores del lago. Camina sola y llora desconsoladamente, mientras clama por un bebé que perdió hace mucho tiempo.


Versión 2

Hace mucho tiempo, en los inicios del mismo Parque Rivera, vivía una pareja en una casa contigua al lugar. Un miércoles 9, mientras marido y mujer se hallaban fuera, unos ladrones irrumpen en la casa. El esposo llega antes que terminen su faena y los sorprende in fraganti: desesperados, los delincuentes le quitan la vida con un cuchillo. Cuando intentan esconder el cuerpo sienten los ruidos provocados por su mujer, que vestida de blanco llega a la casa.
Se esconden detrás de una puerta y observan cómo la joven, aterrada, descubre el cuerpo de su marido. Mientras la mujer llora desconsoladamente sobre él, los ladrones, decididos a todo, llegan por detrás y la ajustician de igual manera. Para ocultar las huellas los delincuentes arrojan los dos cuerpos en la laguna del parque.
Desde entonces, los vecinos de la zona comentan que todos los 9 de cada mes se oyen extraños llantos y quejidos que provienen de la laguna, en el lugar donde los cuerpos de los infortunados amantes fueron arrojados.

 



Un perro llamado "Gaucho"

y una historia de lealtad...

"El Gaucho"

Sucedió en Durazno, Uruguay.

En la década de 1960 y primeros años de la siguiente transitó por las calles de Durazno el perrito “El Gaucho”, transformándose en verdadera leyenda viviente para los vecinos de esa ciudad uruguaya, como para los visitantes que tomaban conocimiento de su historia, ya que por su nobleza fue muy conocido y querido por el pueblo de esta ciudad.



Su dueño lo llamó “Gaucho”, ambos vivían en la localidad de Villa del Carmen, y fueron muy unidos. Un día el amo se enferma y debe ser trasladado a Durazno para ser internado en el Hospital Dr. Emilio Penza de una enfermedad grave.
Fue entonces que el Gaucho quedó solo y se largó a caminar por el camino que recorrió su dueño. Cruzó humedales y arroyos, recorrió mas de 50 kilómetros de distancia hasta que llegó al lugar donde se encontraba su dueño internado, allí se quedó acompañándolo sin alejarse del lugar, porque él era su amigo de la vida. Los vecinos y personal del hospital lograron conocerlo por su inseparable presencia y su gesto de nobleza. Cuando el amo fallece, en la sala se escucha al Gaucho llorar con remordimiento al igual que días atrás cuando su dueño se quejaba de algún dolor que sufriera.
Aquel perro de pelo casi oscuro y de ojos tristes lo acompañó durante su velatorio y hasta el lugar donde recibiría sepultura.



Durante más de 30 días el Gaucho custodió aquella sepultura para luego salir en las mañanas a recoger algún alimento que el pueblo le brindara. Recorría las calles, para volver de tarde otra vez junto a la tumba de su dueño allí en el Cementerio.
De esta manera vivió mucho tiempo, haciéndose querer por la gente y los niños.

Cuando el animal fallece la gente de la zona tiene un gran pesar al conocer la historia de fidelidad del can.



El pueblo de Durazno le ha rendido su merecido homenaje labrando un monumento en bronce para que jamás sea olvidado, el que se encuentra al frente del cementerio local, donde descansa su querido dueño.






El fantasma del museo Blanes
El edificio que ocupa el Museo Blanes pertenece al período del
siglo XIX. El ingeniero Juan Alberto Capurro, formado en el Politécnico de Turin, diseña en 1870, para quien era entonces el propietario del predio, el Dr. Juan Bautista Raffo, una villa "palladiana" y el jardín se organiza de acuerdo a las pautas de la paisajística francesa.
Valiosas especies vegetales, aún hoy en pie, ván conformando un
pequeño parque. Pocos años después, el lugar se vincula a

peculiares figuras de la sociedad montevideana.
En 1872 es adquirida por Clara García de Zúñiga, quien gustó escandalizar a la "aldea" con sus desplantes amorosos, naciendo
allí, en 1875, su hijo Roberto de las Carreras, el célebre dandy del novecientos.
Cansado de los continuos amoríos de Clara, su marido manda
construir el altillo que se aprecia en la foto y encierra ahí a su esposa.
Clara permanece encerrada en ese altillo años sin poder salir, por lo que se enajenó mentalmente, y aunque en un par de ocasiones logró escapar, fue recapturada y murió en ese mismo lugar.
En 1929 la municipalidad adquiere la villa a sus últimos propietarios, la familia Morales, para destinarla a museo, encargando al arquitecto Eugenio Baroffio las obras de reforma y ampliación.
Baroffio mantiene y continúa el lenguaje ecléctico historicista del diseño original, dejando intacto el cuerpo frontal del edificio y
construyendo dos grandes salas posteriores con un claustro
porticado entre ambas.
El edificio es Monumento Histórico Nacional desde 1975, y hoy un testimonio vivo de aquellas villas de fin de siglo, rodeado del denominado Jardín de los Artistas.

Pero lo mas escalofriante del caso es lo que relato a continuación: Luego de convertida en Museo, en la casona empezaron a suceder extraños fenómenos.
Cuadros que se caían de las paredes, mobiliario que aparecía corrido de lugar, ventanas que se abrían solas y portazos inesperados.
Y lo que mas les helaba la sangre a los funcionarios del museo eran los sonidos hechos por el piano, como si alguien invisible lo estuviese tocando
Los empleados del lugar se dieron cuenta que estos fenómenos se sucedían cada vez que cambiaban el cuadro de Clarita de lugar (el que aparece en las primeras fotos, y que fue pintado por el mismísimo Blanes) para las diferentes exposiciones.
Se decidió dejar entonces el cuadro en el lugar original y no volverlo a tocar.
Hablando con la empleada de la biblioteca, me contó que no solo no lo mueven, sino que tampoco lo tocan, pues quien lo hace alguna desgracia sufre.
También se dice que cuando algún caballero buen mozo pasa frente al cuadro, los pícaros ojos de Clarita lo siguen.
Es muy curioso el efecto que produce la mirada de la dama en
cuestión, y no solo personalmente.
Fijen su vista en el cuadro durante un rato y verán la extraña sensación que produce.
Al día de hoy cuando se inaugura alguna exposición nueva, al otro día algún cuadro aparece en el piso. Según dicen es solo otra picardía de Clarita, que aburrida como está decide jugarle bromas a los serenos del Museo, que ya a esta altura se la toman en solfa y al reponer el cuadro en su lugar, reprenden a Clarita, como si ya fuese una vieja
amiga.


LEYENDAS INDÍGENAS URUGUAYAS




EL TERO AZUL (Leyenda Charrúa)

Por Omar Pirez Pertuso
samedi 15 mars 2008
Leido en "Mitos, leyendas y tradiciones de la Banda Oriental" de Gonzalo Abella. BetumSan Ediciones. 2001

.....Dicen que por entonces las señales anunciaban un invierno muy duro. Los adultos intensificaban las tareas de cosecha, acopio, recolección, trueque, conservación de pieles y el salado de pescado en la orilla del océano.
Aquel día sopló el primer viento frío ; Los niños no se alejaron en sus correrías habituales ni en los juegos con sus bolas de piedra. Los mayores seguían en sus actividades rutinarias pero no hablaban entre sí.
En la aldea se respiraba un clima de expectativas.
De pronto, todas las miradas empezaron a seguir los pasos de un charrúa muy joven ; tan joven que su labio inferior no había sido aún perforado por el tembetá.
Este adolescente no era un muchacho más. Hijo del médico yuyero, heredero de una sabiduría ancestral muy profunda, se le había visto renunciar tempranamente a los juegos infantiles y preguntar con respeto por las cosas trascendentes. Su solidaridad con los pequeños era tan inmensa como su conocimiento de animales y plantas. Los benteveos lo escoltaban siempre de manera muy especial y los horneros preferían hacer sus nidos en la proximidad de su vivienda.
Ahora el Consejo de Ancianos lo había llamado. No enfrentaría una prueba sencilla : la comunidad necesitaba conocer sus poderes innatos, necesitaba probarlo.
Concentrado en sus pensamientos caminaba hacia la choza donde se reunía el Consejo cuando vió una pareja de teros, esas hermosas aves de nuestros bañados, que lo saludaron con sus gritos inconfundibles. El joven intuyó que esta presencia era una señal, pero aún no lograba entender claramente los mensajes de los viejos espíritus incorporados en los animales.
Entró con decisión. Lo esperaban en actitud que indicaba claramente la solemnidad del momento.
La anciana portavoz del Consejo le habló con serenidad y firmeza : "Debes ponerte en camino de inmediato para buscar al Tero Azul. Es un tero de tamaño corriente pero de plumaje azul. Partirás hacia los esteros lejanos, sin armas, y no deberás probar bocado hasta agotar los esfuerzos por encontrar a ese misterioso pájaro".
La anciana le advirtió además que si pasaban los días sin lograr la visión no se dejase morir ; que en ese caso se alimentase y volviera a la aldea. Pero le insistió en que hiciera el máximo esfuerzo posible para mantenerse en ayunas y buscar el Tero Azul.
Se le entregó harina de mandioca y charque de pescado en una bolsa hecha con un buche de ñandú. El joven recibió la bolsa y se estremeció : era la que había usado su padre tantas veces para recoger hierbas medicinales, y el hecho de que ahora se la confiaran daba mayor trascendencia aún a la misión encomendada.
El muchacho salió de la aldea, caminó hasta la caída del Sol y finalmente estableció su puesto de observación en las zonas bajas que son el territorio de los teros. Vió el ocaso y el amanecer del día siguiente, y después un nuevo ocaso, bebiendo solamente agua de los manantiales transparentes, pero no vió al Tero Azul.
Al tercer día sintió los graznidos característicos de estas aves, corrió hacia sus llamados con el resto de sus fuerzas, pero los emisores eran teros comunes, de plumaje pardo y blanco, con las consabidas y elegantes listas negras en sus alas extendidas.
No halló al Tero Azul.
Al borde de sus fuerzas decidió finalmente alimentarse porque esa era la orden, no porque deseara hacerlo. Abrió aquella bolsa amada con dolor y resolución. Amarga le supo la comida que llevaba, que sin embargo lo reconfortó.
Volvió a su aldea con una infinita tristeza. Pasó entre los suyos con rostro inescrutable, inexpresivo ; lo que había vivido debía ser expuesto en primer lugar a quienes le habían encomendado la misión.
Ante el Consejo de los Ancianos contó du dolor : "No pude ver al Tero Azul. No supe verlo. No soy digno de la esperanza que en mí tenían ustedes, mi padre, mi madre y mis hermanos" concluyó.
Todos miraron a la anciana y ella lo miró en silencio.
"Sí sos digno de nuestra confianza" respondió al fin ; "sabíamos que aún no estabas preparado
  para encontrar el Tero Azul ; sólo te pedimos que lo buscaras. Y lo importante es que tu corazón no nos mintió y asumió el fracaso como debe hacerlo nuestra gente : llegaste a nosotros y hablaste la verdad.... Ahora no hables a nadie de tu búsqueda, pero cultivá en tus compañeros las virtudes que demostraste. Verás al Tero Azul, cuando llegue el día que debas verlo".
A veces el día está gris y frío pero el alma tiene una dulce tibieza. Cuentan que el muchacho sintió por primera vez, en esas circunstancias, que el aire olía a primavera y a jazmines del país ; y esa fragancia era su paisaje y su casa. Vendrían otras épocas, supo entonces, habrá otra gente, pero en este suelo charrúa, aún en los interiores de las casas urbanas, perduraría la fragancia del jazmín del país y la capacidad de seguir persiguiendo teros azules.
Volvió a la vivienda con el pequeño tembetá en el labio y el corazón palpitante de alegría.



La Yerba Mate
 Leyenda Guaraní
          Yarí - i vivía cerca de la selva misionera. Era bella y joven, y cuidaba con afecto a su viejo padre, un indio casi ciego que se había negado a seguir el curso de la nómade tribu a la que pertenecían. " Ya no tengo fuerzas para cambiar de morada - explicó -.  Sólo les pido que se lleven a mi hija, cuya juventud merece la compañía de otros jóvenes y no esta soledad". Pero la joven afirmó: "Estaré donde tu estés; seré tu hija y tu hijo a la vez: aprenderé a cazar como hombre y a guisar como mujer".                                                     
  Y así fue. Solícita y cariñosa, Yarí - i  pronto aprendió a pescar, cazar y a recoger los frutos de la apretada selva donde habían quedado. Su padre, agradecido, rogaba a Tupá que recompensara a la joven por tantos desvelos.
          Cierto día, apareció en la casa, un hombre con hábito de peregrino, que no era otro que el mismo Tupá. Yarí - i lo recibió generosamente, cazó y cocinó para él un exquisito agutí y le preparó una confortable cama.
          Al día siguiente, el peregrino se preparó para partir "No me iré sin recompensarte - dijo -. Haré brotar una nueva planta que llevará tu nombre, y tú serás, desde ahora, la Caa - Yarí  inmortal". Diciendo así, el dios hizo nacer la yerba mate, cuyas virtudes refrescantes y terapéuticas son conocidas por todos los que la consumen.





La leyenda de la flor de ceibo. Fernan Silva Valdes

Me lo dijo un indio viejo y medio brujo/
Que se santiguaba y adoraba al sol/
Que en los tiempos en que el era niño/
El ceibo no lucia flores rojas como hoy.
Pero una mañana sucedio’ el milagro/
-es algo tan bello que cuesta creer-,
Con la aurora vimos al ceibal de grana,/
Cual si por dos lados fuera a amanecer./
Y era que la moza mas linda del pago,/
Esperando al novio toda la velada,/
Por entretenerse se habia pasado /
La hoja del ceibo por entre los labios./
Entonces los ceibos como por encanto,/
Se fueron tiñendo de rojo color…
Tal lo que me dijo aquel indio viejo,/
Que se santiguaba y adoraba el sol

 " LA LEYENDA DEL TIMBÓ"La compartimos aquí con ustedes...

Era un viejo cacique indio: alto, musculoso, de melena tirando a gris y de plumas rojas bajo la vincha. La india que compartía su toldo le había dado varios hijos varones seguidos y recién al final, una hija, la cual fue criada como una princesa, salvaje, es cierto, pero con mimos de princesa.
Al llegar a los quince años, ésta se enamoró del hijo del cacique de la tribu vecina, que era enemiga, y como por las leyes indígenas no podían unirse en matrimonio, se unieron ellos por voluntad de amor ante máximo sacerdote de sus creencias primitiva, que era el Sol.
Y la princesa, así, desapareció del toldo, o sea del hogar, pues el hijo del cacique, huyendo a la vez de los suyos, le había llevado lejos.
El padre de la joven, desesperado, salió con un grupo de guerreros a rescatar a su hija. En su busca cruzaron bosques, ríos, arroyos, escalaron serranías, andando durante meses bajo las lunas blancas.
Pero llegó el invierno, y los guerreros, creyendo que el cacique había enloquecido de dolor y creyendo a la vez que la princesa no iba a ser hallada, lo abandonaron.
Continuó el viejo cacique la búsqueda el sólo; pero ya no era el jefe, el tubichá, quien lo sostenía en su intento, sino su amor de padre.
De tiempo en tiempo se detenía y apoyaba una de sus orejas en la tierra, siempre con la esperanza de oír, a lo lejos, las pisadas de la princesa buscada.
Así pasó el invierno. Al llegar la primavera, los guerreros partieron en busca del cacique, y luego de mucho andar lo hallaron muerto.
Al intentar levantarlo, notaron que una de sus orejas estaba unida a la tierra como con raíces. Con cuidadoso esfuerzo le levantaron, pero la oreja quedó unida al suelo.
Y de esa oreja nació una plantita, que fue creciendo, creciendo, hasta convertirse en un grande y hermoso árbol, al que le pusieron el nombre de TIMBÓ; y ese árbol produce las semillas o bayas con la forma humana de color oscuro, como fue la oreja del viejo indio, que murió pegada su cabeza a la tierra en la esperanza de oír los pasos de la hija que volvía.

Fernán Silva Valdés, uruguayo (1887- 1975)


 





Leyendas Urbanas (concepto)


Las leyendas urbanas (del inglés urban legend) son relatos pertenecientes al folclore contemporáneo que, pese a contener elementos sobrenaturales o inverosímiles, se presentan como crónica de hechos reales sucedidos en la actualidad. Algunos parten de hechos reales, pero éstos son exagerados, distorsionados o mezclados con datos ficticios. Circulan a través del boca a boca, correo electrónico o medios de comunicación como prensa, radio, televisión o Internet.

Una misma leyenda urbana puede llegar a tener infinidad de versiones, situadas generalmente en el entorno de aquellos que las narran y reciben. Por su adecuación a la sociedad industrial y al mundo moderno reciben el calificativo de «urbanas», que las opone a aquellas leyendas que, habiendo sido objeto de creencia en el pasado, han perdido su vigencia y se identifican con épocas pasadas. A menudo, el narrador afirma que los protagonistas de la leyenda urbana fueron conocidos o parientes de alguna persona cercana. Por este motivo, en inglés se las conoce también como FOAF (friend of a friend tales: ‘historias del amigo de un amigo’).




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